-¡Zack! Presta atención!
-Eres increíblemente molesto ¿lo sabias Gabe?
-Tenemos trabajo, compórtate.
-Claro, claro, como si eso alguna vez te hubiera frenado a ti de seguir divirtiéndote.
-Esto es diferente.
-Querrás decir que ella es diferente.
-Por supuesto que es diferente. Por eso estamos aquí imbécil.
-Sabes que no me refiero a eso.
Lo siguiente que se escucho fue un golpe sordo y un insulto irrepetible salido de la boca de Zack.
-Definitivamente eres imbécil- me dijo
No planeo continuar con esta discusión, por tanto, me alejo varios pasos de Zack. Pero el no comprende mi indirecta, aparentemente.
-Admite que te gusta- me pide- es picante.
-Es irritable querrás decir. Tiene mal genio.
-Solo estas engañándote Gabe.
Que Zack se burlase de mi era caer bajo. Luego del episodio del Black and White todos habían decidido acotar al respecto. Muy conveniente para mí. Siento un gruñido reverberar en el fondo de mi garganta, esperando por salir.
-Solo mírala- digo- Es… es…
-Es caliente, mi querido amigo.
Otro golpe seco, otro insulto.
-Es pequeña, tiene mal genio y es muy poco elegante…
Su cabello rojizo se encontraba atado en una informal coleta. Unos mechones cuelgan perezosos sobre sus pálidos hombros creando un gran contraste.
Hoy esta diferente. Lleva un vestido verde sin tirantes.
Según ya he averiguado se dirige hacia una reunión con su jefe en un restaurant.
Aquella pequeña pitufa de cabello como el fuego estaba her… Me pateo el trasero mentalmente. La recorro con la vista, de arriba hacia abajo me detengo en sus…¿ojotas?
Rio de manera estridente
-¿Y ahora que te pico?- pregunta Zack.
No le hago caso.
Mentí cuando me queje de su formalidad, o mas bien de la falta de ella. La había visto cientos de veces y la prefería de jean y musculosa. Parecía demasiado seria con aquel vestido, demasiado sexy…patada mental nuevamente. Pero con aquellas ojotas se le iba toda la elegancia por los pies…literalmente.
-Parece que llego el final de nuestro turno- me informa Zack- vienen en camino Nick y Cam
No contesto. Me doy vuelta sin darle un último vistazo a aquella mujer. Pero al rato su nombre vuelve a mis pensamientos.
Emily.
*
-Es un honor Señor Harris-digo conteniendo un grito de pura alegría.
-Usted ha hecho un muy buen trabajo, se lo merece señorita Santos.
-Le agradezco enormemente esta oportunidad. No lo defraudare.
-Sé que no lo harás- dice- Ahora debo irme, el trabajo llama. Te llegara un paquete con manuscritos hoy mismo.
Suelta un fajo de billetes en la mesa y se retira.
Tomo el celular, aun temblorosa y llamo a Mery:
-Lo logre- grito justo cuando me atiende.
-FELICITACIONES. Sabía que lo lograrías
-Estaba espantada- le confieso.
-Bueno, pero ahora es oficial ¡Eres correctora! Estas a un paso de tu propósito…
-SER EDITORA- gritamos al mismo tiempo.
-Lo se- digo entusiasmada- hoy me llegan unos manuscritos, así que estaré ocupada.
-Eso es genial, así no estarás pensando en tus moretones misteriosos todo el tiempo.
Aquello era mi tormento.
-Gracias por recordármelos- me quejo.
-¡Ey! Yo solo digo, si estas ocupada con trabajo, quizá te olvides y ¡puf! Desaparezcan así como aparecieron.
-Puede ser, no lo se. Ahora no quiero pensar en ellos- digo- Hoy festejemos.
-Yo compro las papas- dictamina Mery.
-Yo los chocolates y el helado- aviso- pide unas pizzas.
-Genial. Te veo luego ¡Felicitaciones de nuevo!
-Gracias. Te veo mas tarde.
Y colgamos.
Tenia todo el día por delante y muchísima emoción contenida. Debería buscar alguna actividad.
De repente, algo capta mi atención. En la esquina de en frente un hombre corpulento me observa. Creo reconocerlo, pero de donde…
-¡AUCH!- grito
Mi collar acaba de quemarme. Lo toco. Mi amatista estaba hirviendo y su distintivo color violeta destacaba con intensidad sobre mi pálida palma.
Miro nuevamente a la esquina. El hombre desapareció.
Tonto collar.

